Necesitaremos programar 2 alarmas
.La primera alarma la programaremos para que suene antes del momento en el que
nos queremos despertar (luego veremos cuanto antes). Y haremos que esta sea en
forma de radio o música muy muy tranquila. La segunda alarma la pondremos para
que salte en el último momento que te puedes permitir ser despertado, y la
haremos sonar con el típico zumbido fuerte y molesto.
El truco es que la primera alarma
tenga el volumen exacto para que sólo te pueda despertar si estás en la fase de
sueño “ligero”, y que no lo consiga si estás en una etapa de sueño “profundo”.
La segunda alarma es simplemente un “salvavidas”, para asegurarnos, en el caso
de que la primera alarma no consiga espabilarnos, de hacerlo con el tiempo
suficiente para ir a trabajar o lo que sea.
Tendremos entonces que ajustar
dos cosas. La primera es en qué momento hacer sonar la primera alarma. Puedes
usar la regla de los 90 minutos, y estimar así cuando entrarás en una fase de
sueño “ligero”, para hacerla saltar en ese momento (por ejemplo si te vas a
dormir a las 00:00 programarla a las 7:30). Otra alternativa (quizá más
práctica), es poner dicha primera alarma 30, 45, 60, o 90 minutos antes que la
segunda, con la esperanza de pasar por alguna etapa de sueño “ligero” durante
ese tiempo. La segunda cosa que necesitarás ajustar es el volumen de la alarma.
Tiene que ser lo suficientemente fuerte para que te despierte durante el sueño
“ligero”, pero no tanto como para despertarte durante el sueño “profundo”.
Haciendo pruebas durante varios días (empezando desde el nivel más bajo de
volumen e ir aumentándolo) es la única forma de ir afinándolo.
Como veis es un sistema fácil de implementar, y que no
necesita de un cambio radical en nuestra forma de vida, pero que puede mejorar
notablemente nuestra sensación al despertar y durante el resto del día. ¿Porque
no probarlo?

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