Este nuevo artículo va a estar dedicado a
un tema diferente de “Inteligencias múltiples”; el sueño. Después de haber
descrito la biografía de Howard Gardner y habernos introducido un poco sobre el
amplio espectro que nos ofrece el cerebro vamos a dar pequeños detalles del
sueño y su funcionamiento.
Para empezar se puede formular una fácil
pregunta: ¿Nunca se ha despertado a las 4 de la madrugada y se encontraba
totalmente descansado, pero al volver a dormirse y despertarse unas horas
después se siente mucho más cansado? La razón de ese cansancio tiene una
explicación sencilla. El sueño se divide en fases o ciclos completos,
cuyas duraciones no son valores fijos, giran en torno a los 90 minutos,
dependiendo de la persona. Estos 90 minutos se dividen a su vez en:
- Etapa 1 (Adormecimiento): es un estado de somnolencia que dura unos diez minutos. Es la transición entre la vigilia y el sueño.
- Etapa 2 (Sueño ligero): Disminuyen tanto el ritmo cardíaco como el respiratorio. De este modo, sufrimos variaciones en el tráfico cerebral, períodos de calma y súbita actividad, lo cual hace más difícil despertarse.
- Etapa 3: Fase de transición hacia el sueño profundo. Pasamos unos 2 - 3 minutos aproximadamente en esta fase.
- Etapa 4 (Sueño Delta): Fase de sueño lento en la cual nos cuesta mucho despertarnos estando en esta fase que dura unos 20 minutos aproximadamente. No suelen producirse sueños. Se considera que ésta es la fase que determina una buena o mala calidad del sueño en términos de su eficiencia, esto es, la experiencia subjetiva de que el sueño ha sido o no reparador.
- Fase REM: fase en la cual el cerebro está muy activo, el tronco cerebral bloquea las neuronas motrices de manera que no nos podemos mover. Ésta es la fase donde soñamos y captamos gran cantidad de información de nuestro entorno debido a la alta actividad cerebral que tenemos.
Si fuéramos a dormir de forma
completamente natural, sin alarmas u otro tipo de molestas perturbaciones, nos
despertaríamos, aproximadamente, tras un múltiplo de 90 minutos. Por ejemplo
tras 4′5 horas, 7 ‘5
horas o 9 horas, pero nunca tras 7 u 8 horas (que no son múltiplos de 90 minutos).
Una persona que sólo duerma 4 ciclos (6 horas) se sentirá más descansada que
otra que duerma durante 8 o 10 horas, pero que no haya podido completar uno de
los ciclos por haberse levantado antes de acabarlo (es decir, que lo haga en la
etapa de sueño “profundo” y no en la inicial de sueño “ligero”).
Si el sueño se interrumpe en las fases de
sueño profundo, el efecto de descanso se desvirtúa. Por ejemplo, en la fase en
la que nuestros receptores sensoriales están desconectados para proporcionar
descanso al organismo, despertarse significa sentirse desorientado y cansado,
mientras que despertarse en las fases de sueño ligero no implica tal
desestabilización.
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